Hay recuerdos que arden más que el tiempo. Algunos no se borran porque no nacieron del amor ni del dolor, sino de la ternura y la injusticia. Este relato habla de una niña, una vela, y una promesa que cambió dos vidas para siempre.
Han pasado muchos años, y todavía me persigue aquella imagen. No importa cuántas ciudades haya recorrido, ni los hoteles, ni los aeropuertos, ni los aplausos que vinieron después. Siempre vuelve a mí —como una llama que no se apaga— aquella niña boliviana inclinada sobre un cuaderno, estudiando a la luz temblorosa de una vela.
Era una tarde fría en Cochabamba. El aire olía a carbón y a cansancio. Yo había salido a comprar algo de comer y, de pronto, me detuve ante un carrito de chucherías: caramelos de colores, galletas envueltas en celofán, y un par de chicles que parecían esperar a un cliente que nunca llegaba. Detrás del carrito, una mujer menuda, de rostro cansado, vigilaba a su hija, que escribía con una concentración casi sagrada.
Le compré unos chicles, casi sin saber qué decir. Luego, al ver que los precios eran tan absurdamente bajos, le di dinero por todo el carrito. No porque fuera generoso ni rico —por entonces apenas sobrevivía yo también—, sino porque lo que costaba toda aquella mercancía equivalía, al cambio, a una simple camiseta de marca que cualquiera en el norte del mundo compra sin pensar.
Pasaron los meses. Volví a mi país, pero la imagen seguía viva. Hablé con amigos en Cochabamba, pedí que averiguaran por ellas. Me prometí —y lo cumplí— que, si la madre lo permitía, aquella niña estudiaría. No sabía cómo, pero estudiaría.
Hoy, cuando vuelvo a Bolivia, me recibe en un despacho lleno de libros y diplomas. Ya no es “la niña del carrito”, sino una abogada reconocida que defiende a mujeres golpeadas, a niños sin voz, a indígenas discriminados. En cada caso que gana, siento que aquella vela de la infancia sigue encendida.
A veces me mira con gratitud, y yo bajo la cabeza, porque no sé si fui yo quien la ayudó, o si fue ella quien, sin saberlo, me enseñó el sentido de la palabra justicia.

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